18/07/2011

Roberto Echeto revela su Máquina Clásica

El escritor caraqueño presentó su nuevo libro de la mano de Alfaguara. Colección de cuentos inspirados en la primera generación de pulp magazines; donde el lector encontrará historias de gángsters, ciencia ficción, terror, aventura, muerte y erotismo

 

Mayelit Valera; El Impulso

El reconocido escritor caraqueño Roberto Echeto presentó su nuevo libro La máquina clásica, de la mano de la editorial Alfaguara, es un viaje encantador que se pasea por una colección de cuentos inspirados en el material que se publicó en la primera generación de pulp magazines.

«El lector se encontrará, en un mismo volumen, historias de gángsters, de ciencia ficción, terror, aventura, muerte y erotismo. La tendencia exagerada y muchas veces satírica del tipo de literatura marginal que germinó en esas revistas de comienzos del siglo XX es perfecta para retratar al país roto y a la época lábil que nos tocó vivir», explicó el estudioso de las letras, a quien no se le escapa nada, ni el más mínimo detalle.

Este contador de historias nació en Caracas(1970), es Licenciado en Letras por la Universidad Católica Andrés Bello, productor de espacios radiales, dibujante y escritor. Publicó una novela No habrá final, y dos libros de relatos: Cuentos líquidos y Breviario galante. Mantiene en línea el blog Roberto Echeto presenta. Actualmente imparte clases en el Icrea, Instituto de Creatividad y Comunicación.

¿En cuánto tiempo escribió el libro, cómo fue el proceso creativo?

En este libro hay relatos que tienen diez años o más. Otros tienen cinco o seis... De manera que no sabría decir con exactitud cuánto tardé en «escribirlo». Uso esas comillas porque escribir no es lo más difícil ni lo único que se hace a la hora de producir un libro. Lo más arduo es conceptuarlo, entender cuál es el cable que une las distintas historias, eliminar aquello que no tiene nada que ver con el núcleo de ideas en torno al cual has decidido organizarlo... Y borrar... Releer y borrar mil veces. Quien sobreviva a ese proceso, quizás tenga algo parecido al manuscrito de un libro.

¿Cómo lo definiría? No es novela ni cuentos. ¿Con qué se encontrará el lector?

Es una colección de cuentos inspirados en el material que se publicaba en la primera generación de pulp magazines. Por eso el lector que se asome a sus páginas encontrará, en un mismo volumen, historias de gángsters, de ciencia ficción, terror, aventura, muerte y erotismo. La tendencia exagerada y muchas veces satírica del tipo de literatura marginal que germinó en esas revistas de comienzos del siglo XX es perfecta para retratar al país roto y a la época lábil que nos tocó vivir.

¿Por qué escogió el título de la obra de teatro para titularlo? ¿Cuántas obras de teatro ha escrito?

Porque contiene la médula del libro. En esa pequeña comedia (que es la segunda que publico) se habla sobre la necesidad de preguntarnos por la violencia que nos rodea y que parece mover los hilos de nuestras vidas.

La portada es del artista Carlos Zerpa, ¿por qué y cómo logró ese enlace?

Carlos Zerpa es mi amigo desde hace catorce años. Siempre me han gustado su trabajo, sus pinturas, sus ensamblajes, su concepción del arte y su sentido del humor. Así que, un buen día, cuando tuve claro el concepto del libro, me dije que quería una portada que tuviera ese sabor entre grotesco y colorido que tienen las revistas donde prosperó la mejor literatura negra, y eso sólo podía hacerlo un maestro como Carlos Zerpa, un artista al que no tenía que darle demasiadas explicaciones porque desde hace años conoce y maneja la estética Black Mask.

Parte de su libro es una vitrina de la sociedad que vivimos. ¿Quiere decir que es una forma de desahogarse ante la realidad de la urbe?

«Desahogarme» no; Devolverle a la realidad eso que la realidad nos da con prolijidad, pero convertido en arte. ¿Qué nos da en abundancia nuestra realidad? Un sinfín de situaciones absurdas, una traca de abominaciones protagonizadas por pistolas y escopetas, una sensación de miedo que no se quita nunca, una tendencia a la frivolidad, al humor y a la alegría de vivir, a pesar de todas las desgracias…

Aunque no se la lleva bien con la ciudad en que vive, sin embargo es ella quien inspira muchos de sus relatos. ¿Quiere decir que le debe mucho a Caracas?

Caracas es la ciudad donde nací, donde vivo y de donde no pienso mudarme a menos que se hunda en magma ardiente. No obstante, pienso alejarme progresivamente de la ciudad literaria, de ésa sobre la que se escribe de manera directa o indirecta. Es hora de buscar inspiración lejos, muy lejos.

En su libro hay dos listas de títulos, ¿de dónde nació esa idea, cómo se les ocurrió, quiere decir que anda usted a con una libretica anotando todo lo que escucha como lo escribió en otro de sus cuentos?

Parte de mi trabajo consiste en observar a la gente, ver qué hace, oír qué dice y cómo lo dice. Las dos listas de títulos que se encuentran en La máquina clásica forman parte de los distintos productos que salen de esas observaciones.

¿Desde qué edad escribe? ¿Cuándo supo que quería ser escritor, y por qué?

No tengo la menor idea. Supongo que un día me di cuenta de que me gustaba escribir tanto como dibujar y leer, y que esas tres actividades no estaban reñidas entre sí. De manera que eso es lo que hago: escribir, dibujar, leer, dar clases, oír música y lavar platos. Lavo platos muy bien.

¿Cuál es el género que más le apasiona y por qué?

Como lector me fascina la novela. Como escritor me gustan el cuento y la crónica. Como lavador de platos me agrada el teatro. La verdad es que no sabría explicar tales gustos. Supongo que tiene que ver con la manera en que cada género me ayuda a ocupar mi propia cabeza. La novela (sobre todo si se trata de una buena) te obliga a estar contigo mismo, pensando en ti en relación con la propia novela, durante mucho tiempo. El cuento y la crónica te ocupan y te iluminan en un relámpago de belleza y placer, y el teatro es perfecto para lavar platos porque mientras los lavas, ejercitas tu memoria recitando el monólogo de Segismundo en La vida es sueño.

¿Revelan sus cuentos el escritor que es?

Supongo que sí, pero no se lo digas a nadie.

¿Cuáles son los fantasmas que rondan su cabeza y lo hacen escribir?

Mi cabeza es un condominio de fantasmas, pero no estoy seguro de que esos inquilinos ectoplásmicos me hagan escribir. Escribo las historias y las reflexiones que se me ocurren. Las escribo porque, al menos durante una milésima de segundo, considero que son indispensables para algo, para reírnos de nosotros mismos, para mostrar cuán idiotas, groseros o sabios somos, o para que mis puntos de vista sobre la vida y el arte no se diluyan en la nada.

¿Cómo es su dinámica de trabajo, escribe todos los días?

Escribo todos los días, pero el 99% del material que produzco no sirve para nada. Escribir es ingrato y difícil; exige que seamos humildes y arrogantes a la vez. Arrogantes para añadir objetos literarios a la realidad y humildes para aceptar que casi todo lo que producimos no sirve para nada. En la estrecha franja que queda en el medio de esas dos fuerzas están el libro sobre el que conversamos en esta página y Roberto Echeto presenta…, que es mi blog desde hace seis años.

¿Escribe para vivir o vive para escribir?

Quien escribe para vivir, ni escribe ni vive. Algo así dijo Francisco de Quevedo y tenía razón.

¿Cómo describiría su estilo? ¿Cómo hace para fusionar el humor, ironía y realidad en sus relatos?

La máquina clásica pertenece a la tradición de la novela negra, la que prosperó en los pulp magazines de los años treinta y que cultivaron, entre muchos otros autores, Raymond Chandler y Samuel Dashiell Hammett. A pesar de mostrar personajes desaforados, la literatura negra plantea un mundo moral en el que la decencia lucha por evitar que el mal y el vicio se la traguen, aunque eso suponga llevar a cabo acciones poco «fotogénicas».

¿Dicen que la realidad supera la ficción, es de ahí de donde saca todas sus historias?

No. La realidad y la ficción se complementan para bien y para mal. A pesar de que se iluminan y, en ocasiones, se solapan, el arte y la vida son dos asuntos totalmente distintos. En la mayoría de los relatos negros hay, así sea de manera diluida, una preocupación moral que no es tan común en la vida de todos los días. Por eso me gusta ese tipo de historias: porque representan el perfecto contrapunto para la realidad loca que vivimos.

En uno de sus cuentos afirma que para ser escritor hay que tener un tornillo suelto, ¿cuántos tornillos sueltos tiene usted?

Para no aburrirnos y para no cultivar eso que podríamos llamar «seriedad inútil», cada quien debe aflojarse sus propios tornillos. ¿Sabes cuáles son las llaves que aflojan esas tuercas? Los libros, los discos, las películas y las conversaciones interminables con nuestros más queridos amigos.

Fuente: El Impulso; Barquisimeto, 17 de julio de 2011

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