30/11/2011

Jacqueline Goldberg: No creo en géneros asépticos

Jacqueline Goldberg, poeta, ensayista, periodista y estudiosa de las letras, conversa con nosotros y pone en blanco y negro unas cuantas verdades que bien vale la pena recordar.

Escribes poesía, reportajes, entrevistas, artículos de opinión, ensayos, testimonios, libros para niños... ¿Tienes alguna dificultad para pasar de un mundo a otro? ¿Cuál es el secreto para transitar por tantos planetas?
No hay secretos: no creo en géneros asépticos, aislados e infranqueables, no son planetas distintos y por ello no se hacen necesarios tránsitos o acrobacias para ir de un discurso a otro. Incluso dudo sobre la auténtica existencia de los géneros, son convenciones para que las cosas permanezcan en el cómodo lugar en el que han estado hasta ahora. Los géneros van diluyéndose, el lenguaje es uno solo y también su poder de comunicación. Soy inquieta, me aburro con facilidad. Tengo mil ideas en la cabeza y necesito ponerlas a dialogar. El oficio conduce a experimentar diversas formas literarias y cada propuesta toma su camino. A veces los llamados géneros los impone el tema, pero también asuntos tan banales como la sobrevivencia. En una revista debo publicar una entrevista, me encargan un libro biográfico, en soledad me provoca la poesía y hay temas vastos que exigen investigación y el cauce de la narrativa, la crónica o el ensayo. En todo caso, siempre hay poesía en todos los géneros, y narrativa e investigación en la poesía que me interesa. Aspiro a una futura obra en la que no haya géneros o en la que coexistan todos. Hay aún géneros, como los audiovisuales, en los que no he podido indagar, pero sé que lo haré y entonces me preguntarán por qué el video o el collage y también habrá en ellos formas provenientes de la literatura. Esto se aplica de la misma forma para la lectura. A veces me provoca una novela, otras un ensayo o poesía. Y la mayor parte del tiempo hay en mi mesa de noche un libro de cada “genero”, que suelo dejar por ratos a un lado para escuchar música o ver una película. Los géneros son estados de ánimo, ponerlos a batallar —desde el punto de vista de la percepción o la creación— es innecesario en estos tiempos de metatextualidad, intertextualidad, paratextualidad, hipertextualidad y otras tantas complejidades.

 

Mucha gente piensa que la literatura debe expresar el dolor, el desasosiego y la rabia por encima de la alegría y del humor. ¿Estás de acuerdo con ese postulado? ¿Puede la escritura brindarle alegría y ganas de vivir a los lectores de un país tan complicado como el nuestro?

La literatura no tiene compromisos con ninguna grieta humana, pero pasa que la escritura posee una tonicidad catártica que se desencadena justo ante las emociones más oscuras. Frente a la alegría, la mayoría bebe, come, baila, no piensa en escribir. Y ciertamente nuestros anaqueles suman más sombras que claridades, más fantasmas que cantos o humor. No soy yo precisamente quien pueda defender la escritura de la felicidad, pero debe existir, por el bien de todos. Hace unos meses, obligada por un encargo, quise buscar un poema feliz entre mi trabajo, y no lo hallé. Sentí profunda lástima por mi misma. Y prometí que algún día, lejos quizá, habría un poema sin tormentos, sobre todo por que mi vida está llena de instantes gratos, de humor, una familia hermosa, unos padres longevos e incondicionales, amigos a fuerza de balas, una habitación propia, mil cosas que agradecer y de las que me río y me proporcionan alegría. No entiendo por qué no pasan a mi escritura. Me lo pregunto con mucha frecuencia, pero creo que no es tiempo de obligarme a una sonrisa perpetua.

 

Disculpa la pregunta tonta, pero ¿cómo se habla del descalabro económico y político del mundo sin caerle mal a la gente?

¿Importa acaso caerle mal a la gente? ¿No vivimos acaso en un descalabro económico y político? La realidad es impostergable e imposible de ocultar. Influye en los recovecos de la escritura y de nuestra cotidianidad. Es una insensatez asumir que el mundo es perfecto o que somos capaces de evadirlo.


¿Cómo se le hace ver a las personas (sean gerentes de grandes corporaciones o ciudadanos comunes y corrientes) que la única manera de sortear las crisis es con una actitud honesta y madura? ¿Cómo se ayuda a las personas a cultivar esas cualidades desde el periodismo y desde la literatura?

Por suerte existe el libro y el artículo de prensa que cada quien necesita. Algunos aprenderán de los llamados libros “new age” y otros de la literatura, de la sencilla y de la compleja, de la oscura y de la luminosa.  No puede echarse sobre los hombros de la literatura la responsabilidad de hacer cambiar a la gente, si lo consigue, pues magnífico. El periodismo sí que tiene un compromiso social al detectar y nombrar la realidad.  En todo caso, los valores no necesariamente deben emanar solo de la escritura: la familia, la religión, la educación, el cultivo del asombro son ingredientes para una mirada honesta y madura que a su vez sea capaz de sembrar en otros perspectivas amables y optimistas de la realidad, por muy cruenta que ésta sea.

 

Jacqueline Goldberg

Nació en Maracaibo, Venezuela, en 1966. Doctora en Ciencias Sociales por la Universidad Central de Venezuela y Licenciada en Letras por la Universidad del Zulia. Su trabajo publicado abarca la poesía, la narrativa, la literatura infantil, el reportaje, el ensayo, la crítica de artes plástica, el periodismo gastronómico y el género testimonial. Toda su obra poética publicada hasta el 2006 ha sido recogida en el libro Verbos predadores, poesía reunida 2006-1986 (Ediciones Equinoccio, Universidad Simón Bolívar, Caracas, 2007). En este 2011 acaba de aparecer Postales negras, poemario publicado por Ediciones Amigos del Santo Sepulcro. Entre los reconocimientos que ha obtenido están el Premio Regional de Literatura Jesús Enrique Lossada (Estado Zulia, 2008); Premio de Poesía de la Bienal Mariano Picón Salas (2001), Premio de Ensayo de la Bienal de Crítica y Ensayo Roberto Guevara (2001); Premio Nacional de Literatura Infantil Miguel Vicente Pata Caliente (1993); Finalista en el Premio Casa de las Américas (1990). Su trabajo poético aparece incluido y reseñado en antologías publicadas en España, Rumania, Corea del Sur, Puerto Rico, Estados Unidos, Perú, Cuba, México, Chile, Argentina y Venezuela. Ha sido traducida al coreano, catalán e inglés. Está  entre los seis venezolanos que aparecen en Cuerpo Plural, Antología de la poesía Hispanoamericana Contemporánea, compilada por Gustavo Guerrero por encargo del Instituto Cervantes y publicada en Ediciones Pre-Texto, España, en 2010.

 

Roberto Echeto ®

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