14/11/2011

El tema del mar es inagotable y apenas nos hemos asomado a él

El escritor venezolano Rubi Guerra nació en San Tomé, en 1958. Entre sus títulos publicados se encuentran El discreto enemigo, Un sueño comentado, La tarea del testigo, Las formas del amor y otros cuentos. En esta ocasión conversa con nosotros sobre el mar, sobre los libros y sobre la inquietante relación entre literatura y sociedad.

¿Cómo es la relación entre los libros, tu entorno y tú? Lo pregunto porque vives en Cumaná, una ciudad a la que suponemos más cercana a las actividades relacionadas con el mar, al turismo y a la alegría de vivir en shorts que a la literatura.

En Cumaná se consiguen pocos libros; esa es una realidad que no se puede pasar por alto. Poquísimas librerías y una biblioteca pública que se renueva con dificultad. Es, tal vez, uno de los aspectos más desalentadores de vivir aquí. Aunque, por otro lado, los libros están tan caros que muchos de los pocos que hay no se pueden comprar. Con el tiempo, he ido haciéndome de unos libros que me ayudan a escribir, a pasar el tiempo, a vivir. A veces me pregunto cómo puede la gente escribir aquí, en esta ciudad calurosa, ruidosa, violenta y de pocos incentivos culturales, espirituales o como queramos llamarlos. Si uno se dirige a las playas de la ciudad, encontrará gente en shorts y bikinis, vendedoras de empanadas, de cerveza y perros calientes, desempleados, vagabundos, pordioseros y ladrones, familias enteras con perros y gatos, liceístas escuchando reguetón, amantes sin dinero para un hotel, pescadores de orilla. Gente que vive feliz, infeliz, indiferente. Hace cinco mil años los guaiqueríes pescaban en estas playas; hace quinientos años pasaron los soldados españoles, los franciscanos, el Tirano Aguirre; sir Walter Raleigh fue derrotado aquí; en este golfo arrojó José Rafael Pocaterra dos mil fusiles cuando el vapor Falke se alejaba de las fuerzas gomecistas. Muchas cosas han pasado y siguen pasando. Así que supongo que también por esa humanidad –de la cual uno mismo forma parte– se termina haciendo literatura. O intentándolo.

A propósito de la pregunta anterior, ¿por qué crees que entre nosotros no se ha dado una literatura del mar? ¿Hay muy pocas obras con temática marinera en nuestras bibliotecas o hay las que tiene que haber?

No llevo un registro, pero también tengo la impresión de que el mar como tema aparece poco en nuestra literatura. Si me pongo a pensar en eso, me vienen contados libros a la memoria (la mayoría, escritos antes de 1960), y es curioso porque tenemos una inmensa franja costera. Sería lógico esperar que un paisaje tan fascinante, al que están asociadas tantas actividades humanas, generaría una gran literatura. Obviamente no es así. El porqué es difícil de determinar. ¿Desinterés por el paisaje, que nos recuerda el costumbrismo? ¿Ignorancia? ¿Concentración en el entorno urbano? No sé. De lo que sí estoy seguro es que el tema del mar, en sus variadísimas vertientes, es inagotable, y apenas nos hemos asomado a él.

¿Hay una relación entre literatura y sociedad? ¿Tú crees que los libros que leemos (sea los que exigen nuestros programas educativos o los que adquirimos por motivación propia) nos ayudan a definirnos como individuos y como sociedad o, por el contrario, la lectura no tiene nada que ver con asuntos tan delicados?

Como individuos, no podemos dejar de vernos afectados por la sociedad en la que vivimos, por sus formas de organización, sus formas de ejercer el poder, su sistema de creencias; pero, al mismo tiempo, no estamos encadenados a esa sociedad. Por fortuna, a las fuerzas más o menos ordenadas de la sociedad y las instituciones, se le oponen las fuerzas, más o menos caóticas, de lo inconsciente, de los deseos, de los sueños, de las pulsiones. Curiosamente, los libros participan de ambos órdenes: nos ayudan a formarnos como individuos y legitiman el tejido social, pero también introducen las dudas, las herejías, los mundos imposibles, lo improductivo, lo caprichoso, lo gratuito, lo que no se sujeta a ninguna norma. Hay que dar gracias por eso. Somos seres sociales en permanente lucha contra lo social. Miembros de una manada que marchan en soledad.

¿Cómo percibes las oportunidades de edición siendo un autor que vive en el interior del país? ¿Los autores de la provincia son tomados en cuenta tanto como los autores de la capital?

He publicado los libros que he querido publicar. Vivir en la provincia no me ha afectado en ese sentido. Así que no me puedo quejar de las oportunidades. Por supuesto, esa es mi experiencia personal. Creo que he tenido suerte. Sí pienso que mis libros tendría más difusión o serían más visibles si viviera en Caracas. No ignoro que a mucha gente de provincia se le hace difícil publicar simplemente porque en sus regiones o ciudades no existen editoriales, ni públicas ni privadas. Nos guste o no, Caracas sigue siendo el gran polo de producción editorial y también es el centro de la promoción. De alguna manera, lo que no pasa por Caracas no existe. Sería deseable que esa situación cambiara, pero para eso tendrían que cambiar muchas cosas: mejores sistemas de promoción y difusión, mayor efectividad de la distribución de los libros, la creación de nuevas librerías en la provincia, entre otras cosas.

 

Roberto Echeto

El tema del mar es inagotable y apenas nos hemos asomado a él

Rubi Guerra

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