17/10/2011

Armando José Sequera: «El humor es el corazón de mis historias»

Armando José Sequera (Caracas, 1953) es autor de una extensa obra que comprende libros para niños y jovénes, libros de divulgación científica, cuentos, novelas, ensayos, crónicas... Nadie como él para hablar de un oficio que exige una entrega absoluta: el de escritor.

Eres un escritor prolífico. Por eso me encantaría preguntarte por la fuente de tus historias. ¿De dónde salen las historias que cuentas? ¿Nunca has temido que se te agoten las ideas para escribir?

Mis historias surgen de cinco fuentes inagotables, todas tributarias de la vida: la realidad circundante, mi propia experiencia, mi imaginación, mis sueños y mis lecturas. Son ríos que nunca se secan. Jamás he temido que los manantiales se agoten porque los sé interminables, pero sí he temido no ser capaz de contar todo cuanto quiero fijar en el tiempo y compartir con los lectores. Cuando te digo que esas corrientes de información son inagotables parto de un cálculo que he venido manejando en los últimos años: que, en toda la historia de la narrativa literaria y la oral, apenas se ha contado el uno por ciento o menos de todo cuanto es posible contar.

¿De dónde sale este cálculo? Del volumen creciente de probables historias —reales o imaginarias—, que conozco cada día. Las personas con las que me relaciono y aquellas con las que tengo contactos fugaces creo que me ven cara de confesor y me cuentan tantas maravillas que lamento contar con una sola vida para hacerlas públicas. Por eso, cuando me dicen o comentan que ya no hay nada que contar, me parece que quien lo dice está muerto.

Escribes literatura para niños, jóvenes y adultos, lo cual a nuestros ojos te pone en una posición privilegiada para hablar de las relaciones entre los libros y el público. ¿Crees que los jóvenes lectores de hoy serán los adultos lectores del futuro? ¿Crees que esa línea de continuidad está bien atendida en nuestro país?

Creo que los niños y jóvenes lectores de hoy seguirán siendo lectores en su edad adulta. La lectura es un hábito del que no es fácil escapar, una vez que se le agarra el gusto. Lamentablemente, quien no lo forma en la infancia o la juventud es difícil que lo adquiera más adelante. No es imposible y hay muchísimos casos, pero cuesta más acostumbrarse a ese encuentro propuesto por el libro y que, de un modo u otro, es con nosotros mismos.

La línea de continuidad, como no depende de gobiernos, empresas ni instituciones, siempre estará bien atendida para aquellos que deseen seguirla. Cuando amas la lectura, consigues libros en todas partes. Quienes se quejan de que no se edita suficiente, que los libros son muy costosos, que el libro está en vías de extinción, no son lectores verdaderos. Igual que con las adicciones, basta que desees conseguir libros para que éstos aparezcan. Si te gusta leer, jamás te faltará material para satisfacer tu deseo, salvo que te desconectes del resto de la humanidad.

Desde Escenas de un spaguetti western hasta Teresa, pasando por Vine, vi, reí y Funeral para una mosca, toda tu obra está marcada por el humor. ¿Crees en el humor como un recurso que edulcora la exposición de verdades o como un hecho natural que viene con tus historias?

El humor no es un edulcorante. Es un elemento que, como la pimienta en las comidas, resalta el sabor de lo que se cuenta. No creo ninguna historia que carezca de la menor pizca de humor, porque tal carencia demuestra la falsedad de lo que se cuenta. Al hablar de falsedad, me refiero a credibilidad. En casi todos mis textos hay humor porque éste se halla integrado a la vida. Incluso la peor tragedia o el peor drama, vistos a la distancia, nos hacen reír. Entonces, yo pienso que si los vemos con una perspectiva futura, podemos hacerlos risibles ahora mismo.

Para mí, el humor es una especie de corazón que hace circular la vida en las historias.

¿Dónde está Armando José Sequera en la hoguera de las vanidades literarias locales? ¿Qué opinas de todo este movimiento de escritura y edición que se ha producido en los últimos años en nuestro país?

El puesto que yo ocupe o deje de ocupar en la historia de la literatura local no depende de mí, sino del tiempo. Tampoco dependerá de los críticos o estudiosos actuales, la mayoría de los cuales parece sentir asco por los libros y autores nacionales. Sólo cuando el reconocimiento proviene del exterior, se suman al aplauso, más por no parecer ignorantes que por estar convencidos de verdad.

Eso sí, sé que no soy el primer escritor del país, pero tampoco el último.

Sobre lo que ha ocurrido en los últimos años, creo que es un movimiento altamente positivo. Estamos cerca de sacudirnos del estigma de que somos provincianos, de que escribimos para nosotros mismos y muchos otros clichés que se han usado en nuestra contra durante décadas. Me río cuando me dicen que los venezolanos no somos editados fuera de nuestras fronteras porque usamos un lenguaje localista y me pregunto: ¿y acaso los autores argentinos, mexicanos, colombianos y españoles usan un español universal, antiséptico y desodorante? Que los autores venezolanos carecemos de calidad, y me pregunto: ¿y por qué muchos de nosotros figuramos en tantas antologías internacionales de narrativa o poesía?

Cuando estuve en la Feria de Francfurt encontré la respuesta a por qué no se nos edita con frecuencia en otros países. Hablé con varios editores y lo que querían eran libros sobre los temas que consideran son representativos de nuestro continente: drogas, secuestros, delincuencia de cualquier tipo, corrupción y conflictos políticos. Lo demás, aunque esté muy bien escrito, no les interesa. Lo demás nos lo proporcionan ellos y por eso nos llega como una octava maravilla cualquier autor que, en muchas ocasiones, no le llega a los talones en calidad literaria a escritores como Luis Britto García, José Balza, Ednodio Quintero, Francisco Suniaga, Laura Antillano, Norberto José Olivar, Ana Teresa Torres, Fedosy Santaella, tú o yo, por sólo nombrar unos pocos.

Armando José Sequera (Caracas, 1953) es autor de libros para niños y jóvenes como Pequeña sirenita nocturna, Fábula de la mazorca, Caída del cielo, Teresa, La calle del espejo, Detrás de una pelota, El unicornio despierto, Una tía excesivamente cariñosa, entre muchos otros; de libros de relatos como Las ceremonias del poder, Escenas de un spaguetti western, Cuatro extremos de una soga y Mosaico, entre otros; de novelas como La comedia urbana y El derecho a la ternura; de libros de crónicas como Vine, vi, reí y Funeral para una mosca.

Roberto Echeto, Caracas, 17 de octubre de 2011

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