Teresa de la Parra

  • Portada de Las memorias de Mamá Blanca

    Las memorias de Mamá Blanca

    2011

    En Las memorias de Mamá Blanca tenemos una doble mirada y dos protagonistas: quien comienza contándonos la historia, Mamá Blanca, y una muchacha curiosa que hurga en la vida de su vecina. Con ellas descubrimos el pasado de una Venezuela ya lejana en el tiempo, pero que aún deambula en el presente.

    El prólogo de Laura Antillano y el epílogo de Luis Barrera Linares enriquecen esta maravillosa obra.

Escritora venezolana, fue conocida bajo el seudónimo de Teresa de la Parra. Fueron sus padres Rafael Parra Hernáiz e Isabel Sanoja. De apenas 3 años viene a Venezuela con su familia, la cual se instala en una hacienda de Tazón, en las cercanías de El Valle (Dtto. Federal). En 1906, al morir su padre, Ana Teresa viaja a España donde cursa estudios en el colegio Sacré Coeur de Valencia. En 1915, luego de culminar estudios en dicha institución se dirige a París donde permanece algún tiempo antes de regresar a Caracas. Para este tiempo ya había comenzado su carrera literaria, al escribir varios cuentos firmados con el seudónimo de «Fru-Fru». En 1924 se hace merecedora del primer premio en un concurso de escritores por su novela Ifigenia, que es publicada ese mismo año por el Instituto Hispanoamericano de Cultura Francesa en París.

En 1927 viaja a Cuba para representar a Venezuela en la Conferencia Interamericana de Periodistas con una disertación titulada «La influencia oculta de las mujeres en el Continente y en la vida de Bolívar». Luego, invitada por el gobierno de Colombia, dicta en ese país una serie de conferencias que tienen como tema la «Importancia de la mujer durante la Colonia y la Independencia». En 1928 regresa a Europa donde comienza a escribir su segunda novela Las memorias de Mamá Blanca. En 1929, está de vuelta en Venezuela pero al poco tiempo, enferma de tuberculosis, se traslada a Suiza para internarse en un sanatorio, donde reside, casi hasta su muerte. En relación a su novela Ifigenia, en la misma se plantea el drama de la mujer frente a una sociedad que como la de fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX, no le permitía expresar sus ideas ni elegir su destino. En cuanto a Las memorias de Mama Blanca, en la misma se recrea el ambiente de su niñez, mostrando personajes y costumbres en el ambiente de una hacienda de caña de azúcar. En términos generales, ambas obras están inscritas en el ámbito de la «novela psicológica», la cual se caracteriza por el estudio interior que se hace de los caracteres. Asimismo, en su novela Ifigenia introduce el «tiempo existencial», alargando el tiempo cronológico mediante el fastidio experimentado por su protagonista: Ifigenia. Uno de los principales aportes de Teresa de la Parra a la literatura venezolana, radica en la introducción del humor y la ironía en su obra, lo cual contrastaba con el tono serio y amargo de la literatura de la época. Por otra parte, su obra tiene una importancia histórica ya que permite apreciar los defectos de una sociedad decadente y llena de prejuicios, tal como era la Venezuela gomecista, en la que se experimentaban las luchas entre las tradiciones y los viejos prejuicios con la vida moderna y sus costumbres nuevas. En definitiva Teresa de la Parra ha sido considerada como una de las más importantes escritoras hispanoamericanas. En 1947 sus restos fueron trasladados a Caracas e inhumados en el Cementerio General del Sur. Posteriormente, el 7 de noviembre de 1989 fueron sepultados en el Panteón Nacional.

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