1929 - 2012
La editorial Alfaguara comunica que el lunes 30 de julio, murió en su casa de San Salvador de Jujuy el gran escritor argentino Héctor Tizón y despide con admiración y profundo afecto a su autor y amigo. Nos deja su obra grande y honda, superadora de todo localismo, misteriosa y profundamente humana. Será enterrado en Yala, el rincón de su tierra que tanto amó.
Tizón nació en Rosario de la Frontera, Salta, en 1929, a raíz de un viaje de sus padres. Pero su familia provenía y residía en Jujuy, razón por la cual nunca consideró otra tierra de pertenencia que no fuera la jujeña.
Escribió sus primeros cuentos durante su adolescencia provinciana y luego se trasladó a La Plata para estudiar Derecho. A partir de entonces la literatura y la militancia, además de su dedicación a las leyes, se convirtieron en sus dos actividades fundamentales. Escribía en el diario comunista Orientación primero, y después comenzó a trabajar en política cerca del futuro presidente Frondizi, al tiempo que leía vorazmente.
Con su título de abogado, se radicó en Jujuy y al poco tiempo, en 1958, ingresó en la carrera diplomática y fue designado agregado cultural en México. Allí publicó su primer libro de cuentos, A un costado de los rieles (1960). En las mismas funciones se desempeñó en Milán, Italia, donde permaneció entre 1960 y 1962, año en el que renunció a la Cancillería y regresó a su provincia.
Durante la última dictadura militar argentina, entre 1976 y 1982, Tizón se exilió en España. Superado ese destierro forzado, regresó para radicarse definitivamente en Jujuy, donde retomó su profesión de abogado, que desarrolló paralelamente a la de escritor, y que culminó en los más altos cargos en la Justicia de su provincia.
Su trayectoria de escritor pero también de ciudadano comprometido se ha caracterizado por su coherencia ideológica y por una ética inclaudicable, que lo ubica como uno de los intelectuales argentinos más respetados.
Tizón es un gran narrador, tanto de cuentos como de novelas. La búsqueda de las historias en el pasado es un denominador común de sus relatos. Ese tiempo, que cuenta con el tiempo histórico como referencia permanente, también se vuelve fantasmagórico, o mítico: ha prácticamente relevado los acontecimientos sobresalientes de la historia de su pago chico, aun los que vienen de lejos, de la época de la Colonia, y los ha incorporado al universo de su ficción.
Pero su mirada sobre esos hechos no se focaliza tanto en el argumento, sino en la atmósfera, en la sutileza del lenguaje, que eleva las ficciones por encima de las historias que cuentan hasta conferirles esa tonalidad reflexiva y filosófica que se ha convertido en la impronta de su narrativa. Lejos de certezas y altisonancias, construye su prosa silenciosa, recatada, austera, como la tierra de la que emergen los relatos. Sus narradores cuentan como si lo hicieran para un selecto grupo de escuchas ubicados alrededor de un fogón; se sienten mediadores de saberes y de presunciones y nunca podrían aseverar: la condición humana les provoca interrogantes y desconcierto.
Varias fuentes han ido moldeando su lenguaje: el español mestizo y los rastros del quechua, que proceden de esa infancia de niñeras para quienes la experiencia de la vida se transmitía a través de sucedidos o parábolas. Luego, la lectura de los clásicos españoles y universales, y también de los libros sagrados y los textos jurídicos que aportaron su profesión de abogado y su cargo de juez, una cantera igualmente productiva para sus narraciones.
Ha publicado los libros de relatos A un costado de los rieles (1960; Alfaguara, 2001) y El gallo blanco (Alfaguara, 1992); las novelas Fuego en Casabindo (1969; Alfaguara, 2000 y 2011), El cantar del profeta y el bandido (1972; Alfaguara, 2004), Sota de bastos, caballo de espadas (1975; Alfaguara, 2003), La casa y el viento (1984; Alfaguara, 2001), El viaje (1988), El hombre que llegó a un pueblo (1988; Alfaguara, 2005), Luz de las crueles provincias (Alfaguara, 1995), La mujer de Strasser (1997; Alfaguara, 2011), Extraño y pálido fulgor (Alfaguara, 1999), El viejo soldado (Alfaguara, 2002) y La belleza del mundo (2004; Alfaguara, 2011). Sus artículos y ensayos han sido recopilados en Tierras de frontera (Alfaguara, 2000) y No es posible callar (Taurus, 2004); sus relatos, en Cuentos completos (Alfaguara, 2006), y sus memorias, en El resplandor de la hoguera (Alfaguara, 2008). Su obra ha sido traducida al francés, inglés, ruso, polaco y alemán. Ha recibido, entre otros, los premios Konex, Academia Nacional de las Letras, Consagración y el Gran Premio 2000 del Fondo Nacional de las Artes. En 1996 fue condecorado con el título de Caballero de la Orden de las Artes y las Letras por el gobierno de Francia.
Su último libro, recientemente publicado, es Memorial de la Puna (Alfaguara, 2012), una colección de viejas historias sucedidas en su tierra natal, y su despedida.
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