29/11/2011

Entrevista a Juan Gabriel Vásquez

“El escritor es una lámpara para iluminar rincones oscuros; la literatura, una manera de averiguar lo que uno ignora”

“Uno de mis rituales es la lectura de las mismas páginas de un libro”

“Este oficio devora al escritor y uno tiene que consagrarse”.

Por Miriam Veliz

Escritor colombiano de novelas, relatos y reseñas, graduado de Derecho, profesor de Literatura Latinoamericana, especialidad que estudió en La Sorbona, columnista del diario colombiano El Espectador, colaborador de varias revistas y suplementos culturales y por bastante tiempo  traductor (inglés, francés y español) Juan Gabriel Vásquez es también un viajero que busca “ensanchar la experiencia, abarcar tanta porción de mundo como sea posible”. Su novela El ruido de las cosas al caer (la quinta, pero la tercera oficial) ganó este año el premio Alfaguara y ahora, como parte de la gira por los países en que este importante sello tiene presencia, se encuentra en República Dominicana, lo que nos permitió entrevistarlo para “¡Vivir!” (periódico Hoy).

“Siempre tuve claro, después de decidir que me dedicaría a esto y decidir que iba a eliminar de mi vida todo lo que estorbara, que iba a dedicarme a hacer lo que sé hacer bien, que es leer y escribir, que no quería ser un escritor de fin de semana, un escritor de horas robadas al sueño, porque eso es de lo que se quejaba Gabriel García Márquez, que ‘la literatura colombiana es una literatura de hombres cansados’. Hasta los 1955 cuando el comienza a escribir, esa era la crítica, que solo escribían en sus ratos libres”, nos cuenta. “No es conveniente hacer que la economía familiar dependa de una novela, porque es entonces cuando uno comienza a publicar una novela por año, a no vigilar la calidad, a bajar el nivel de rigor, lo que he hecho es trabajando quizá más de lo saludable, tratar de ganarme la vida con todo lo que girara alrededor de los libros: traduciéndolos, enseñándolos, haciendo reseñas y con todo eso comprar, por decirlo así, unas 3 o 4 horas libres al día para escribir, y a medida que los libros se han ido publicando, cada vez tengo que hacer menos trabajos laterales”.

 

Con tanto que hacer, ¿cómo es un día normal en la vida de Juan Gabriel Vásquez?

Yo soy un novelista de mañanas –dice– es mi mejor momento para la invención de la nada, una cosa para mí muy exigente, y por las tardes hago todos los otros trabajos: el periodismo, las traducciones cuando las hacía, ya no traduzco, mis columnas, mis clases, todo eso sucede en las tardes. De manera que yo me despierto, llevo las niñas al colegio, y al llegar, me dedico a escribir.

 

¿Manías, rituales de escritor?

Tengo la manía del silencio, y es tan aguda que incluso en el total silencio de mi casa trabajo con tapones en los oídos, me aísla, es muy importante para mí. Por toda la casa hay bolsitas de tapones, es una manía. Y quizá uno de mis rituales es la lectura de las mismas páginas de un libro. Cuando estoy escribiendo una novela siempre hay un libro, que generalmente es un clásico reciente, del siglo XX, que por alguna razón a mí me sirve para encontrar el tono. Es como el diapasón de los músicos, leo las mismas 5 -10 páginas y eso me permite hacer lo mismo que hacen los músicos con el diapasón, encontrar el tono de lo que voy a escribir.

 

Aunque sea un libro totalmente distinto, de tema distinto…

Sí. Es lo que cambia, el diapasón, tiene que ver con la música de lo que estoy escribiendo.  Cada novela habla con una voz distinta y la lectura de ese libro me ayuda a recuperar (encontrar) esa voz en las mañanas.

(¡Con razón se siente ritmo en la novela, desde el título hasta momentos de prosa poética!)


Todas sus novelas están enraizadas en Colombia… a pesar de sus viajes, de su vida sus años, está su gente, sus costumbres sus calles su sentir

Sobre todo están mis preguntas… el asunto de Colombia es interesante, Colombia sigue siendo mi obsesión, Es que allí están las preguntas que me interesan, los momentos… yo entiendo la novela como una manera de echar luz sobre momentos oscuros y esos momentos oscuros me interesan más en la medida que forman parte de mi experiencia, de mis padres, de mis abuelos.

 

Bueno, Isabel Allende, Junot Díaz… muchos escritores usan su vida real para plantear cosas, para responder muchas preguntas de su pasado, buscando entender.

Yo no entiendo la literatura como una manera de explicarle a la gente lo que ya sabe, sino como una manera de averiguar lo que uno ignora, yo planteo las dudas las incertidumbres que me conciernen a mí. Y esas están en Colombia.

BIOGRAFÍA, EXPERIENCIA Y EMOCIONES

Veo que en El ruido de las cosas al caer está usted reflejado en los personajes. Veo que usted estudió leyes, Yammara también; son contemporáneos, la forma en que maneja lo que piensa y siente el protagonista ante el bebé que espera parece inspirado en lo que usted sintió cuando mientras esperaba el nacimiento de sus gemelas…

Yo no hablaría de inspiración, sino de simple utilización. Plasmo lo que siento. Utilizamos lo que sentimos como material literario porque tal vez es otra manera de entender. Me han preguntado cuanto de biográfico hay porque Yammara y yo estudiamos leyes, el enseña en la universidad a la que yo asistí, va a la Casa de la Poesía donde yo me la pasaba con frecuencia escuchando poemas declamados por sus autores, sentado en sus sillones de cuero, tenemos afición por los billares, solo nos llevamos tres años, somos contemporáneos. Nacimos con el narcotráfico. Cuando me preguntan si es biográfica digo que sí, no porque esté basada en mis experiencias, sino porque está construida más bien con mis temores, mis miedos, mis ansiedades. La novela es una especie de exorcismo de esa época difícil en Colombia, pero no es porque me han ocurrido esas cosas sino porque lo que he hecho es contar todo lo que no quería que me sucediera, lo que mas ansiedad me causaba.

 

Hay mucho de temor en la novela

Sí, ese es uno de los grandes temas

 

Además de los temores, hay ideas políticas en la novela, parece que usted tiene ideas muy claras en ese tema, muy definidas.

Cuando escribo la columna sí, pero justamente esa es una de las cosas raras de escribir columnas para alguien que se considera sobre todo novelista, porque no hay dos oficios más distintos que el de novelista y el de columnista. Los novelistas trabajan constantemente con la incertidumbre, escriben sobre lo que no conocen, sobre lo que ignoran, sobre lo que no entienden, en cambio los columnistas sienten que tienen la verdad sobre algo, las cosas clarísimas, y tratan de convencer a los demás de eso, o de aclararles para que entiendan lo que está pasando, es muy raro seis días a la semana vivir en un tiempo que no conozco, no entiendo buscando respuestas y un día a la semana escribir la columna, sentirme seguro, es raro.

 

Me parece que sus ideas políticas son claras y fuertes. Cuando Eloise se queja de que en Colombia todos los ciudadanos son políticos pero ningún político quiere hacer nada por los ciudadanos, refleja algo que pensamos muchos no solo en Colombia, pero ¿es eso lo que usted opina?

Cuando soy columnista, ciudadano, tengo ideas muy claras, pero eso que citas lo dice Eloise.

 

¿Y usted no lo piensa?

Puede que sí, puede que sí…

 

Hablando de periodista y escritor, con cierta frecuencia se ve ligado periodismo y literatura. Tenemos a Hemingway, Carlos Fuentes, Galdós, sus compatriotas Gabriel García Márquez, Laura Restrepo, nuestro Andrés L. Mateo, escritor y columnista como usted, y muchos otros. ¿Considera, como algunos han llegado a plantear, que el periodismo es un género literario? ¿Cómo hizo el salto de una a otra cosa?

El periodismo a veces puede llegar a tener la riqueza formal digamos, igual que la literatura, por supuesto, pero yo creo que es un camino de dos vías, hay periodistas que escriben una novela y hay novelistas que al ganar cierta notoriedad como novelistas se vuelven figuras públicas cuya opinión interesa…

 

¿Eso fue lo que le pasó a usted?

Sí, ese fue mi caso, pero a mí siempre me sorprende que inmediatamente se cree que uno tiene una opinión clarísima y la solución en la cabeza para todos los males del país y eso es lo que suele suceder cuando usted presenta una novela, un libro, que recibe una serie de preguntas sociológicas sobre el tema, la droga en este caso, la salida para el conflicto colombiano…

Lo que ocurrió es que yo había escrito ya la Historia secreta de Costaguana, que había llamado la atención, me dio cierta notoriedad, y poco después ocurrió algo a los padres de un amigo muy fuerte, que me indignó, entonces pedí al periódico El Espectador que me diera un espacio de una columna para escribir sobre esto. Era algo puntual, pero después me pidieron que siguiera con la columna semanal.

 

O sea que pasó de escribir incertidumbres buscando respuestas, a escribir “certezas” y el lector cree que usted tiene las respuestas a diversos problemas.

EL PROCESO DE LA NOVELA

Un novelista lleva a cabo un proceso de investigación más o menos profundo sobre el tema que va  a tratar. Hablando de eso, su novela tiene varios sucesos reales, especialmente relacionados con los aviones y el terrorismo. Tengo entendido que la grabación de la caja negra del vuelo 965 de AA es real. ¿Como llegó a sus manos?

Encontré la transcripción del original en inglés en una librería vieja de Bélgica, perdida entre papeles, esto fue en le año 1998, y la compré. La novela, como usted dice, requiere de cierto proceso de investigación, pero en este caso no lo hice, al menos no a propósito. La novela se fue construyendo a lo largo de 10 años con recortes y otros documentos que encontraba interesantes e iba guardando.

 

¿Cuándo decide empezar a escribir el libro?, y ¿qué lo impulsa?

Comencé en junio de 2008 y en principio no se trataba de narcotráfico, ese no era un tema para mí. Empecé persiguiendo un personaje de cuando yo estudiaba en la universidad donde el protagonista trabaja. En ese tiempo ya sabía que quería dedicarme a la literatura, las clases me aburrían e iba mucho al billar y a la Casa de Poesía Silva, que tiene unos sillones de cuero y allí, con unos audífonos puedes escuchar los poemas en la voz de los poetas que los escribieron. En una ocasión, vi sentado frente a mí a un señor de unos 50 años que empezó a llorar como no había visto a ningún adulto llorar. Eso me impresionó, pero pronto, quizá ya para la hora de almuerzo, lo había sacado de mi mente. Muchos años después, por alguna razón lo recordé y empecé a perseguir a ese personaje, a tratar de averiguar quien era (en la novela) así surgió el piloto que transportaba droga Ricardo Laverde. Un año después mataron a un hipopótamo que había pertenecido al zoológico de Pablo Escobar y vi la foto en una revista. Me trajo recuerdos. A mí me pasó algo similar al autor; cuando tenía 12 años visité el zoológico de Pablo Escobar a escondidas de mis padres, que no hubieran permitido que pusiera un pie en el territorio de un narco conocido, aunque todavía no se había convertido en lo que fue. Las cosas se fueron conectando. Supe que el padre de un amigo murió en uno de los atentados de Escobar a un avión. Supe del accidente de aviación en 1938, tuve una carta de un muchacho de los Cuerpos de Paz… Me fui dando cuenta de que todo pertenecía a una misma historia.

Carlos Fuentes dice que “no hay futuro vivo con pasado muerto”. A mí me obsesiona el tema de la memoria, el tema de recordar. Las novelas recuerdan lo que otros quieren que se olvide, mantienen viva información, hechos, que a la mayoría les parecen incómodos. La relación memoria-literatura es una de las columnas vertebrales del oficio. Es un acto moral. Sin los escritores, los negacionistas del holocausto judío hubieran salido airosos. Creo que la novela es una especie de atalaya contra el olvido, aunque las cosas a veces sean tan improbables que nos remonten al síndrome de Korsakov que menciona Sebald en una de sus novelas y que de verdad existe, en personas que reemplazan recuerdos olvidados con otros que inventan. Creo que es una especie de metáfora del oficio, donde convertimos recuerdos reales en ficción.

Un ejemplo de esos temas incómodos, que no se hablan, es el de esos chicos de los Cuerpos de Paz, que es un tema tabú en Colombia, un secreto a voces.

 

¿Se refiere a que estuvieron relacionados con el fomento de cultivo de droga?

Bueno, este cuerpo que se formó en el gobierno de Kennedy estaba integrado por jóvenes estudiantes estadounidenses idealistas, que querían genuinamente ayudar a los países empobrecidos. No acuso a los Cuerpos de Paz, pero algunos de sus miembros sí fomentaron la siembra de marihuana, quizá como una forma de ayudar a los campesinos a salir de la miseria, pero es un tema del que no se habla.

 

Marcio Veloz Maggiolo, antropólogo y escritor dominicano también tiene cierta obsesión con el tema de la memoria. Él habla de la “memoria prestada”, de cómo cuando olvidamos algo tomamos “prestada” otra memoria y la asumimos como nuestra, pero como dijimos, otro tema fuerte en su novela es el miedo. Hábleme un poco de esto.

La primera revelación vino cuando Pablo Escobar le declaró la guerra al Estado y utilizó a los ciudadanos como medida de presión. Sentir que pierdes el control sobre tu propia vida, la sensación de incertidumbre. Todos los planes de la vida toman otro cariz, se deja de hacer planes a largo plazo o los haces como con algo de ficción. Está la imposibilidad de proteger a los que queremos. Yo no lo experimenté en esa época, pero lo vi cuando las bombas de Al-Qaeda explotaron en el metro de Madrid. Reconocí en los rostros de las personas lo que había visto en los rostros de mi país. La memoria despertó y ahora entendí. Mientras estaba escribiendo la novela se desbarató un atentado en el metro de Barcelona, ciudad donde vivo. Todo eso fortaleció la novela, que en ese sentido es una novela post 11 de septiembre. Pero como decía el escritor judío Edgar Doctorow, las novelas son muy necesarias a nivel social, porque distribuyen el sufrimiento, haciéndolo de ese modo un poco más llevadero.

 

A pesar de que su novela está asentada en Colombia, la metáfora del ruido de las cosas al caer trasciende su país. Cosas malas ocurren y luego “hacen ruido al caer” como lo hizo el avión al estrellarse, o su país con el narcotráfico. Y las cosas caen sobre personas que “no tenían nada que ver”. Así se destruyen países, vidas, relaciones, vas de lo macro a lo micro, o viceversa. Hablaste una vez de que la historia de tu país se puede escribir siguiendo la historia de los aviones ¿por qué?

A principios de siglo los aviadores eran héroes, por ellos se habían ganado la guerra contra Perú, pero eso se vino abajo, en los 80 ya los pilotos eran vistos distinto, eso lo hizo el narcotráfico. Accidentes aéreos, viajes clandestinos. Simboliza en algún modo ese derrumbe que va de lo general a lo particular hasta simbolizar el derrumbe de las relaciones, de la vida personal en la novela.

LITERATURA EN LA ACTUALIDAD

Hablando más en concreto sobre la literatura, ¿influencias que te hayan marcado? ¿Escritores favoritos?

He mencionado algunos, pero un libro que me hizo querer ser escritor fue “Cien años de soledad”, de Gabriel García Márquez. También me marcó Ulises, de James Joice.  Joseph Conrad es muy importante por su manera de ver el hecho literario, Ve nuestra experiencia como un territorio oscuro en que nuestra literatura arroja un poco de luz. Vargas Llosa también es una gran influencia por su manera de asumir la vocación. Él habla de eliminar de su vida todo lo que estorbe. Este oficio devora al escritor y uno tiene que consagrarse.

 

¿Qué opina de la novela y de la literatura actual en general? La novela como género que cada vez forma más parte de nuestra conciencia. La novela plantea temas incómodos, hace pensar, explorar, no da respuestas. Ahora cada vez es menos importante, Vivimos una época en que a la gente no le interesan los matices, no le gustan los grises, y es precisamente en esos grises donde se encuentra el territorio de la novela. Ahora la gente quiere todo en blanco y negro.

 

Pero ahora se publican muchas novelas. Se escribe mucho.

Sí, pero no todo lo que dicen que es novela se puede meten en  la misma categoría. Yo no considero los libros de John Grisham o Paolo Coelho, con todo el respeto que me merece, en la misma categoría de novelas. Coelho pinta un mundo rosa en que el universo conspira a tu favor, te dice que todo está o va a estar bien. Las novelas no te dan respuestas, las buscan.

 

Con todo el tema de la globalización, ¿escribir centrados solo en nuestro país no es a veces limitante? Quisiera escribir una historia tan particular como sea posible, en que hable de un pequeño rincón de Colombia y sin embargo tenga un mensaje claro, universal, creo que se puede.

 

Bueno, me parece que eso es precisamente lo que ha hecho. En el ruido de las cosas al caer habla de la realidad de la sociedad colombiana, pero es algo que se puede aplicar a cualquier parte del mundo.

Eso quisiera. En la gira me han dicho algo así, en México, con la violencia; en Perú, con Sendero Luminoso…

 

Quedan muchas preguntas en el tapete, pero el tiempo se acaba. Una sobre el oficio: El físico Thomas Alba Edison dijo que el genio es un uno por ciento de inspiración y un noventa y nueve por ciento de sudor. ¿Qué porcentajes de lo mismo daría al escritor?

Eso es completamente cierto en el escritor. El 99% es disciplina, terquedad, trabajo duro. (Como decía Picasso, si me viene la inspiración, mejor que me agarre trabajando)

 

24 de noviembre 2011

Entrevista a Juan Gabriel Vásquez

Juan Gabriel Vásquez y Pedro Antonio Valdez

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