10/03/2010

criticas de "Pilares en la niebla" por Jesús Urzagasti y Virginia Ayllón

Las narrativa de Manuel Vargas


Por Jesús Urzagasti

 

Manuel Vargas cumple con los requisitos que exige el cuento: prescinde de lo accesorio, narra historias con intensidad constante y generalmente desemboca en lo imprevisto o en lo que se llama un desenlace inesperado.

Pero su arte no se restringe a las propuestas de un género harto difícil, como lo saben maestros y novatos. Manuel Vargas ¾que también ha transitado por los caminos de la novela y la poesía¾ se sirve del cuento para configurar un universo que linda con la ficción más pura pero a la vez se alimenta con materiales terrestres.

La escritura de Vargas no admite confusión: es tributaria del mundo rural y de él recoge las piezas que le han permitido reconstruir con felicidad cierta una geografía humana y física casi desconocida o cuando menos ignorada en la cultura nacional.

La clave de la narrativa de Vargas bien podría ser la nostalgia, pero no aquella que se agota en enumeración sin porvenir, sino la que llega con su energía intacta, dispuesta a fundar un espacio literario propio sin negarse empero a los vasos comunicantes que definen la vasta realidad del país.

Por lo demás, Manuel Vargas elude la comodidad de una visión parcial que suela atribuir las virtudes a unos mientras se las arranca de cuajo a otros. Sus personajes responden a la realidad del mundo, que es compleja y demanda por lo tanto una mirada menos convencional si es que aspira a desentrañar sus resortes secretos. El costumbrismo es un instrumento en desuso en esta literatura que no delega su facultad exploradora a un espíritu neutro y la asume más bien con una convicción reveladora y sin dogmas.

Más que tenacidad, en la labor creadora e Vargas hay una elección que se repite en todos sus libros. Está claro que ha optado por lo suyo, sin menoscabo de otras experiencias que enriquecen su espacio rural pero no lo resienten con figuras adventicias.

Esta persistencia no es casual y obedece en todo caso a la necesidad de trasladar a un mundo más seguro ¾el de la literatura¾ el lúcido aprendizaje de unos destinos que han hecho de la vida lo que ella es en sus instancias más elevadas: exultación y también desgarramiento. Todo esto sin los apremios de una originalidad sospechosa, que empañaría la abundante personalidad que caracteriza a su narrativa.

Mientras el mundo circundante parece acceder a una engañosa modernidad, el mundo de Manuel Vargas prefiere transitar a un ritmo humano, sin alejarse de una sólida tradición ¾pero sin ser esclavo de ella¾, convirtiéndola más bien en trampolín hacia el futuro, con códigos propios que nos definen como herederos de un modo particular de ver y hacer las cosas.

Escribir es un acto subversivo cuando la complacencia es la regla. Lo es también cuando las proposiciones en boga facilitan el deterioro de lo local. Manuel Vargas ha apostado hace rato al color local de su mundo ¾nuestro mundo¾ y lo ha hecho con el convencimiento de que la mentada universalidad que nos aflige como una dolorosa carencia puede estar más allá de nuestras fronteras, pero también se halla en cañadas y cerros, en hombres y mujeres del campo, en el pensamiento firme que elaboran quienes están atados a la tierra sin la falaz envoltura que se gastan los que se pasan de largo ante la aventura de vivir.

...he leído con deleite La gula del picaflor y me ha admirado la capacidad de Juan Claudio Lechín para manejar distintos lenguajes, algo muy bien logrado. También admiro todo lo del desaparecido Víctor Hugo Viscarra, así como el Felipe Delgado de Sáenz, afortunadamente recién reeditado; y creo que Vallegrande le ha dado a Bolivia un escritor que no tiene el reconocimiento que merece su obra. Me refiero a Manuel Vargas.

Enrique Congrains Martín (2008)

 

 

 

 

 

 

Andanzas de Asunto Egüez


Por Virginia Ayllón

 

Manuel Vargas, el escritor vallegrandino, ha publicado su última novela titulada Andanzas de Asunto Egüez (1).

Recordemos que Manuel Vargas ha publicado varios libros de novelas y cuentos. En 1987, con sus Cuentos Tristes, obtuvo el Primer Premio nacional de Cuento de la Universidad Técnica de Oruro y, en 1980, su novela Rastrojos obtuvo el Primer Premio Nacional de Novela “Franz Tamayo”.

De tal manera que nos estamos refiriendo a uno de los grandes escritores contemporáneos que construye su identidad narrativa en el mundo rural.

La novela que hoy nos ocupa tiene la virtud de enlazar el mundo rural con técnicas narrativas modernas, aspectos que suelen ser planteados como irreconciliables.

Lo moderno proyecta lo urbano y lo introspectivo como ámbitos de privilegio para la construcción de la modernidad, de este modo,  lo rural —no como referencia o reminiscencia sino como el todo—, no tiene espacio en este diagrama.

A pesar de ello, Vargas desarrolla las claves de su mundo rural con técnicas narrativas modernas logrando que ambos se imbriquen de manera por demás armoniosa. Así, Asunto Egüez recorre el camino de regreso a su casa que es el mismo camino de toda su vida y de otras vidas, en camino circular, sin inicio ni fin. Si algo rememora la novela de Vargas es el famoso cuento de Borges en el que un hombre dibujando el mapa de sus viajes, dibuja su propio rostro.

Lo rural puede sentirse auténticamente expresado en esta novela, pero también se reconoce un manejo narrativo que expresa tanto la experiencia como la audacia de este escritor, o tal vez la clave de Vargas está en que lo rural asume en él una totalidad muchas veces vedada en la realidad y también en la literatura. Lo rural de Vargas es el paisaje, el hombre —pero también— y con rigor, el mito, el rito, el silencio, los lenguajes y, por supuesto, la muerte.

Precisamente considero que la muerte es el elemento que permite a Vargas expresar y proyectar lo rural hacia la universalidad. Su personaje, por lo tanto no es Asunto Egüez —o no lo es totalmente— ya que Asunto va siempre de la mano, huyendo, persiguiendo o jugando con su muerte. Desprendiéndose del carácter trágico que lo occidental y urbano le asignan. La muerte retorna al ámbito cotidiano que le otorga lo rural. Se inscribe otra vez en el recorrido circular que es la vida en la que siempre habrá un recodo para celebrar, incluso para reírse de la muerte. Y, qué es reírse de la muerte sino reírse de uno mismo y qué es reírse de uno mismo sino asumir definitivamente la vida (y la muerte).

 

(1) Vargas, Manuel: Andanzas de Asunto Egüez. La Paz, 1996.

Cristina Wayar

Responsable Nacional

Santillana Ediciones Generales

Calle 13 No.8078, Calacoto, La Paz-Bolivia

Teléfono: (591) 2-2774242. Fax: 2771056

 

Tres Tristes Tigres